03 enero 2009

¡Es tablas!

Por MN Luis Matos –Jaque Matos-


La mayoría de las partidas terminan en tablas, especialmente en los torneos entre competidores de máxima calidad.

En este artículo, y los tres subsiguientes, escrutaremos todas las posibles formas como una partida puede ser tablas y cuál debe ser la actuación del árbitro en cada caso, qué debe hacer y cómo anticipar tales situaciones.

Las Leyes del Ajedrez establecen, con bastante claridad, cuando una partida puede considerarse como empate. Ese resultado asigna medio punto a cada contrincante. Parodias tipo “fútbol”, con un punto por empate y tres al ganador, no han sido generalmente aceptadas por los ajedrecistas.

Será quizás, muy en el fondo, porque nos obligaría a arriesgar demasiado, en posiciones que consideramos sin posibilidades de triunfo. Allí, donde salvo errores graves de alguno de los rivales no vemos un camino a la victoria, estaríamos obligados a “jugar para perder”, para no quedar en desventajas en la puntuación total del torneo.

Una partida tablas debería ser un trabajo rutinario y hasta muy fácil para el árbitro; quizás lo sea pero, cuando se presentan reclamos, suelen ser muy duros, en ocasiones incluso más que en un encuentro donde alguien resulta triunfador.

A medida que asciende el ELO promedio de los competidores, sube también el porcentaje de tablas del evento. Pudieran influir diversas razones: desde el mayor conocimiento técnico, hasta acuerdos en pocos movimientos para tratar de decidir el certamen contra jugadores de menor nivel.

Existen, sin embargo, otras variables “extra-tablero” que influyen como generadoras de empates: “respeto mutuo”, “órdenes” de capitanes de equipo, “recomendaciones” de los entrenadores y, en ocasiones, hasta “sugerencias” de promotores que financian el torneo y/o al propio jugador.

Rey ahogado:

En el Artículo 5, sección 2, ubicado en el capítulo sobre las Reglas de Juego, se enuncian diferentes formas de empate que pueden presentarse en una partida de ajedrez.
El numeral 5.2(a) trata sobre las Posiciones de rey ahogado: cuando al contrincante a quien le corresponda realizar un movimiento no puede efectuar “ninguna jugada legal y su rey no esté en jaque”.

Ese rey “ahogado” nos indica que la partida concluyó, en ese momento, y el resultado es un empate. Por supuesto, sólo es válido, como en cualquier momento del encuentro, si el movimiento final del rival, y los anteriores que condujeron la partida a esa posición, son legales.

El árbitro nó está obligado a verificarlo, pero, puede ocurrir que alguno de los rivales lo solicite.

En tal caso, sugerimos muy especialmente al árbitro verificar que la posición muerta no se haya producido por un avance de segunda a cuarta de un peón blanco (o de séptima a quinta de un peón negro) que permitiera a un peón enemigo lateral capturar al paso en una posición que, sin esa particularidad del tiempo exacto, pudiera ser un empate por Rey ahogado.
Posición muerta:

En el 5.2(b) dicen las Leyes del Ajedrez que “La partida es tablas cuando se alcanza una posición en la cual ningún jugador puede dar mate al rey del adversario con cualquier serie de jugadas legales. Se dice entonces que la partida termina en una ‘posición muerta’. Esto finaliza inmediatamente la partida, siempre que la jugada que generó tal posición fuera legal”.

Esa traducción, como buena parte de las Leyes, tomada directamente del inglés o francés por algún traductor o intérprete, pudiera, en nuestros venezolanismos, tener alguna complicación si alguno de nuestros árbitros se encontrara, en una de esas situaciones, con algun ajedrecista igualmente “complicado” (¡que los hay!).

Y pudiera tratar de decir “cualquier”. Y, como no es con cualquiera, pudiera pensarse que no es válida tal regla. En venezolano, debería leerse como “con ninguna serie de jugadas legales”.

Son realmente posiciones legales donde ninguno de los adversarios puede dar mate, aún considerando las peores jugadas del rival.

Aclaratoria con el reloj:

Como los ajedrecistas pensamos mucho (al menos algunos de nosotros) Thomas Bright Wilson introdujo “el reloj de ajedrez”. Quizás sin pretenderlo, nos llegaron por esa vía otras posibilidades de empate. Una de ellas asociada, precisamente, a ese “con ninguna serie de jugadas legales”.

En el capítulo sobre las “Reglas de Competición”, artículo 6: El reloj de ajedrez, nos alerta su numeral 6.10 que, “si un jugador no completa el número prescrito de jugadas, en el tiempo asignado, pierde la partida”. “Sin embargo”, continúa, “la partida es tablas si la posición es tal que el adversario no puede dar mate al jugador mediante cualquier posible combinación de jugadas legales, incluso jugando de la forma más torpe”.

O sea: si se me cae la aguja y mi contrario sólo tiene el Rey, es tablas. No pudiera darme mate. Igualmente, si tengo sólo el rey, y mi contrario Rey y apenas un alfil o un caballo: ¡eso es tablas!. Con un peón me gana, aunque esté en oposición y el final teórico fuera tablas, porque se considera que yo pudiera enfrentarlo “de la forma más torpe posible”.
En consecuencia, si él tiene sólo rey y dos caballos, y yo el rey sólo, OJO.. sí pierdo. Porque rey y dos caballos, contra rey sólo, nó pueden forzar mate, pero sí pueden darlo si el contrario juega muy mal.

Y ese es el espíritu de la regla, en cualquier situación posible. De allí que si ambos rivales sólo tienen el Rey y un alfil, sólo es tablas (aplicando el Artículo 5.2-b) cuando ambos alfiles corren por diagonales del mismo color. En ese caso es imposible construir una posición legal con mate, ni aún jugando muy mal. Pero, si son “alfiles de distinto color” (forma incorrecta de decir “alfiles que mueven o juegan por casillas de distinto color’) entonces nó es automáticamente tablas, porque sí se puede llegar a una posición de mate si uno de los rivales juega en la peor forma posible.

El sentido, espíritu y propósito incluyen que el Reglamento sabe como se juega al ajedrez, pero nó necesariamente sabe jugar bien.

Mate mata aguja:

Ahora bien. El numeral 6.10 dice también que, todo eso es tablas “excepto los casos donde se apliquen los Artículos 5.1, 5.2(a), 5.2(b) o 5.2(c)”.

Es decir, pierde quien se le cae la aguja salvo que haya una posición muerta (5.2b), rey ahogado (5.2a) y 5.1 porque “mate mata aguja”.

Este caso se presentó recientemente en el torneo “La Estancia”, dirigido por el MN Jorge Guerra y arbitrado por el AN Pedro Amatima, donde ambos aplicaron correctamente el Reglamento.

Y el 6.12 nos alerta a los árbitros que debemos estar muy pendientes de aquellos encuentros donde ambos jugadores estén en apuros de tiempo, especialmente si estamos en el único o último control, porque, si ambas agujas están caídas (puede suceder en relojes analógicos) y fuera imposible establecer cuál de ellas cayó primero, “la partida será declarada tablas si se trata del último período, en el que se han de realizar todas las jugadas restantes”.

Rápido y Blitz:

Al final de las “Leyes del Ajedrez” encontramos unos Apéndices donde amplían las normas hacia torneos a mayor velocidad que el llamado “Ajedrez Clásico”.

El Apéndice B trata sobre el “Ajedrez Rápido” donde cada contrincante tiene entre 15 y 60 minutos (ambos topes incluidos) para completar todos sus movimientos.

B-9 establece que si el árbitro observa que ambas banderas han caido, y ningún resultado ha sido acordado por los jugadores, ni hay mate, la partida es tablas.

Esa norma es igualmente aplicable, según el Apéndice C, en las partidas con menos de 15 minutos, para cada jugador para completar todos sus movimientos, también conocido como “Ajedrez Blitz” o “Ajedrez Relámpago”.

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